En estos días de final de mes, en un país con gobierno
provisional (entre unas y otras se va a convertir en el ejecutivo más longevo
de la historia de la democracia), mientras unos intentan hacer números para
pagar recibos y sobrevivir con sueldos de miseria., otros patean la calle en
busca de un trabajo porque, incluso “haciendo caso” a la ¿salvadora? opción de emprender no superan los 500 euros de ingresos mensuales, algunos se pasean por
los juzgados dispuestos a “devolver” unos pocos milloncejos de euros robados a
toda una sociedad, y otros están pendientes de la boda de Rociito y otros
importantes asuntos banales, llega el PSOE para llamar nuestra atención.
Los hay que hace tiempo dejaron abandonar los asuntos de la
política para centrarse en los problemas de la cotidianeidad y esperar que el “laissez
faire” arregle las colas en el hospital, los barracones de los niños o crezcan las
posibilidades de aspirar a un trabajo digno.

Y los ahí que, con la misma impotencia de considerarse
personaje pasivo, la idéntica necesidad de recurrir a préstamos para llegar a
final de mes y la misma permanente búsqueda de la puerta laboral que les permita
la supervivencia, mientras se saturan con estudios y barruntan proyectos, andan
escandalizados por el momento político que nos ha tocado vivir.
Tan escandalizados como apasionados, conscientes de ser
coetáneos de, tal vez, el momento político más apasionante del s.XXI. No en
vano, muchas de las cuestiones, (de esas que parecen banales), están diseñando
las bases del futuro político que monopolizará el devenir de la sociedad que
heredarán nuestros hijos.

