Pues sí, ya llegó. La temporada futbolística arranca tras el
siempre aprovechado puente de 15 de agosto, con el calor casi en “tot l’alt”,
la ilusión todavía un tanto atemperada y después de giras más que pretemporadas
(qué gran definición de Guardiola) de los grandes.
Esos mismos equipos que, continúan empecinados en mantener
“reglamentada” una liga bipolar que los lleva al abismo de perderse durante
seis meses sin rivales con que competir y que les está llevando, allá por el
mes de abril a pegarse estruendosos batacazos en la única competición que
parece importarles: la Champions League.
Hasta que Madrid y Barça no se percaten del problema que
supone para sus escuadras “pasearse” sin apenas rival por el campeonato
doméstico sin apenas competir durante 6-7 meses, no se podrá revalorizar una
competición que comienza a caer en la medianía.
Y culpables, los dos grandes pero también todos los clubs
que, no solo se dejan dirigir, sino que han aprendido demasiado a fuego la
pleitesía ante el cortijo que supone para unos pocos la LFP. Unos pocos, o un gran personaje caudillista que vela por
intereses ¿propios? como abogado especialista en procesos de adscripción a la Ley Concursal como el Rayo
Vallecano, el Rácing, el Huesca, etc.etc.
Un presidente que berrea ante los medios de comunicación
(algunos de ellos también serviles a intereses alejados del siempre mal llamado
“interés general) con acusaciones tan difíciles de probar como fáciles de
conocer.





