Apagó la radio empalagada de tanto
tono dulce en las canciones, las entrevistas, los debates e incluso en las
cuñas publicitarias, hoy más moñas que nunca.
El
trabajo marketiniano había sido sublime. En realidad, las grandes marcas y
hasta el nuevo mercado digital convertía el 14 de febrero en un día de consumo
potencial de infinidad de productos. Este año hasta los partidos de fútbol a
disputar en el día de hoy eran anunciados en televisión con un “te quiero”
edulcorado con imágenes de besos y abrazos de los futbolistas celebrando goles
y títulos.
Por
cierto, ya quisiera ella ser futbolista algún rato para recoger tantos
fervorosos abrazos.
Encendió
la televisión. Imposible. Un corazón atravesado por una flecha en la parte
superior de la imagen recordaba que, en efecto, hoy era San Valentín.
Hoy
era el día de los enamorados, pero ¿y los no enamorados?, o mejor ¿qué era
estar enamorado? ¿Compartir vida en pareja?, y qué pasa con esos matrimonios
acomodados en la rutina de un cariño superficial. ¿Qué amor había que celebrar?
¿Era amor el que se encendía en el fuego de pasiones descontroladas solo
cubiertas con desbocadas caricias y desmedidos besos? ¿Qué amor había que
festejar públicamente hoy? Y lo más importante, quién tenía derecho o no
a celebrar qué.
Con
cierto aire de enfado decidió calzarse sus viejas zapatillas y salir a la calle
a quemar adrenalina con un poco de ejercicio. En el ascensor se encontró con
una pareja de adolescentes que, entre risitas, la escudriñaban deseando que se
apeara para poder continuar con sus arrumacos.
No
iba a ser fácil superar el día, pensó.
Con
el aire rozándole en la cara, mientras caminaba bajo la deslumbrante luz del
sol, con la energía que la absorción de tanta vitamina D le otorgaba, pensó
cómo fue su último 14 de febrero enamorada. Dudó, en realidad ¿cuándo había
estado enamorada?
Tras
varias relaciones afectivas, alguna pasional y otras obsesivas, pensaba que
quizás nunca había sentido la fuerza de ese enamoramiento que obnubila y quita
el apetito, ¿o sí?, ¿qué significa enamorarse?
En
la adolescencia parecía fácil definirlo. Simplemente te gusta alguien, te atrae
y te obsesiona pasar el tiempo junto a él. Obsesión, esa era la cuestión. ¿Se
podría estar enamorada sin estar obsesionada?
Cuanto
más se agolpaban en su mente las interrogaciones más crecían sus
incertidumbres.