En algunas ocasiones las mujeres padecemos limitaciones profesionales que van más allá de nuestra condición de sexo débil. En otras, sin embargo, nos empeñamos en utilizar ciertos recursos para alcanzar cotas laborales y en otras, simplemente, metemos la pata.
No hablo desde la experiencia (ni mucho menos), pero no debe ser fácil tener que demostrar diariamente tus capacidades si dispones de un físico imponente y un atractivo natural. Sin embargo, a veces utilizar el recurso de “mujer objeto” daña a todo un colectivo.
Este puede ser el caso de Sara Carbonero. Que la presentadora dispone de una fotogenia innata parece indudable. Que protagoniza un romance de princesa del siglo XXI resulta envidiable. Que es una “apañada” presentadora es más o menos discutible, pero que no sabe utilizar sus recursos es irrefutable.
Estos días Sara ha vuelto a meter la pata. Y esta vez no por lo que dice, sino por ser ella quien lo diga. Intentar ascender en tu trayectoria profesional propia es elogiable, pero también el saber de las limitaciones para evitar caer en un desgaste que te puede condenar en tu tarea.
