“Empecé con deportes, que durante muchos años fue una vía de entrada para los que no teníamos titulación, ni ganas, ni tiempo para conseguirla”. Con esta declaración de Andreu Buenafuente en una entrevista en el magazine Jot Down (www.jotdown.es) renace el fantasma tan manido de que la sección de deportes en los medios de comunicación es el “cajón de sastre” donde se agrupan los “aprendices” de periodista.
Aquí la declaración de principios de quien transita por la vida con la esperanza de navegar con viento a favor, resistir ante la tormenta y aprender a sobrevivir con lo vivido sólo pendiente del hoy sin dar pasos perdidos. "Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos" (Eduardo Galeano).
miércoles, 31 de octubre de 2012
EL DESPRESTIGIO DEL PERIODISMO DEPORTIVO
domingo, 14 de octubre de 2012
LA AUSENCIA DE LA “EDUCACIÓN VIAL” DE LOS CHUCHOS Y SUS AMOS
Todos aquellos amantes del
mar que disponemos la suerte de residir en su proximidad y utilizar como
refugio los paseos por la orilla al finalizar una estresante jornada o, simplemente
para finalizar con la serenidad de la contemplación de sus paisajes un fin de
semana de asueto, tenemos un problema que envilece muchas veces las caminatas a
la orilla del mar: los perros.
Sí, los perros, aunque tal
vez deberíamos nombrar como causantes de este rechazo a los amos de los perros
que permiten que sus chuchos deambulen por la playa a sus anchas. Eso supone,
que el can se acerca a quien se le antoja para olfatear sus pies. Eso si hay
suerte, porque hay veces que no se conforman con ello y lo que hacen es
directamente lamerte los pies o calzado lanzándote sus babas.
Cierto es que llegado a este
punto no puedo obviar mi fobia a los perros, sentimiento que me lleva en
ocasiones a protagonizar comentarios del estilo de “exagerada, histérica o simplemente
insensible”. No voy a ser yo quien me autocalifique porque, si es cierto que si
no te gustan “determinados” animales eres una insensible, reconozco que yo soy
un témpano en referencia a la raza canina.
Pero cada quien es cada cual
y piensa y siente como puede o le dejan y eso no sería inconveniente para nada
ni nadie si se respetasen unas normas básicas de convivencia, o mejor, si toda
la gente dispusiera en su catálogo de valores de los principios que nos
enseñaban en aquella asignatura que se cursaba en EGB y que respondía al nombre
de “educación vial”.
Yo puedo incluso entender
que los chuchos que se te acercan mientras paseas no son “peligrosos”, pero
depende de qué significado se le dé a este calificativo. Para mí que un perrito
se me acerque a lamerme los pies ensuciándome con sus babas es peligroso, no
sólo por mi fobia sino porque me repela y me da cierta grima ese babeo.
Y el colmo es cuando, desde
lejos porque ni tan siquiera se digna a acercar para disculparse, su “racional”
amo te dice “tranquila, si no hace nada”.
¿Que no hace nada? Y llenarme
de asquerosas babas qué es.
El día que yo quiera “soportar”
el “cariño” de un perro lo haré a motu propio y no encorajinada por como un
chucho se ha empeñado en amargarme un gratificante paseo.
miércoles, 3 de octubre de 2012
DIA INTERNACIONAL DE LAS PERSONAS MAYORES
Esta semana se ha celebrado
el Día Internacional de las personas mayores. Este tipo de jornadas tienen un
efecto muy relativo a pesar de la razón de concienciación social con la que
nacen, sin embargo, a veces sería justo parar a atender emocionalmente el
argumento de su creación.
Referirse a las “personas
mayores” parece sensiblería en una coyuntura donde sólo parece marcar tendencia
la práctica, la imagen y la lozanía, lo nuevo y flamante. Esas aspiraciones son precisamente las que
están envileciendo a la sociedad, el respeto a quienes han construido esta
realidad debería ser eterno y no caduco y descatalogado. Así se sienten las personas
mayores en un mundo donde se “castiga” al enfermo, donde la inmediatez no
entiende de emociones acunadas en recuerdos, donde el ayer no dispone de ningún
valor respecto al mañana.
Cuán equivocada vive la población
si no es capaz de acunar los sentimientos de quienes disponen de la sapiencia
que sólo entrega la experiencia. Pocos son los capaces de sentarse junto a los
abuelos para escuchar atentamente sus vivencias, a veces envueltas de espíritu
aventurero irreal pero siempre novelescas en exposición. Pocos son los audaces
que quieren recoger el testimonio de luchas, aspiraciones y sueños de quienes
germinaron nuestra propia vida. Pocos, muy pocos son los que quieren acompañar
en la mirada atrás de quien vive más en pasado que en futuro….pocos somos
valientes para parar un día de estrés profesional y emocional para acompañar a
quienes mejor nos mesan los cabellos, a quienes con ojos vidriosos observan más
que hablan, a quienes prefieren vivir
entre memoria temerosos de mirar en porvenir la proximidad de la parca.
Personas mayores, ese
apelativo que nadie quiere ostentar pero que todos deseamos adquirir porque
será el resultado de haber dispuesto de una larga vida en experiencias, disfrutes
e incluso disgustos.
Personas mayores, el
colectivo más generoso existente en esta mercantilista sociedad del siglo XXI ,
convivir con ellos es engrandecer el alma y alimentar de verdad y emoción el
espíritu, factores indispensables para recuperar la pérdida de humanidad que
parece devorarnos.
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