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No
soy excesivamente cinéfila, sí me gusta el cine pero no reparo mucho en esos
aspectos que convierten a un aficionado al Séptimo Arte en un experto. Me
conmueven los guiones pero la escenografía, el vestuario, los efectos
especiales, etc.etc . no son elementos que centren mi atención por mi
desconocimiento principalmente.
Sin
embargo, como sucede en todos los factores donde el argumento para su defensa
recala en la emoción o el sentimiento, sólo puedo decir que me agrada lo que me evade y me gusta lo
que me llega a conmover, a hacer reír o me ofrece la posibilidad de reflexionar
aunque a veces simplemente puedo llegar a considerar “obra maestra” una
película o un libro que te ayuda a parar el tiempo o te traslada a otro momento
o lugar.
Por
eso, ofrecer mi opinión cinéfila puede que ofrezca muy poco valor, no obstante
hay algunas cosas que me resultan excesivamente injustas y que, aunque sea como
aficionada, quisiera opinar. Y la gota
que ha provocado esta reacción enérgica a de repente, sentir la necesidad de
ofrecer mi opinión respecto al mundo de la actuación, radica en el conocimiento
hace unos días del nombramiento para los Goya como mejor actriz entre otras a
Maribel Verdú y a Penélope Cruz.
