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miércoles, 24 de diciembre de 2014

POR QUÉ SER FELIZ EN NAVIDAD


     Poco más de veinte años, formación educativa en diferentes sectores, trabajos en servicios distintos, lugares varios, pero la maldita crisis le indujo a marchar. Dejó familia, ilusiones y ese sueño de jugar en categorías superiores con su equipo de fútbol más reciente, años en pro de un ascenso que, tras conseguirlo, no ha podido disfrutar. Decidió partir para buscar alternativas donde diseñar un futuro profesional y dibujar una perspectiva personal de una vida por construir.
     Marchó de las islas pitiusas para formarse (sí, otra vez estudiar, trabajar, aprender, crecer…) en las islas británicas. El periodo era corto pero largo, lejos del entorno, el hogar, la familia, los amigos, cada día se hace eterno y, sin embargo, la distancia hace imposible el olvido.

     Luis ha encontrado nuevos amigos, entrena con un equipo de la localidad para mantener la forma y dedica largos ratos al estudio del inglés, hacer turismo y formarse con la esperanza de encontrar el camino que la coyuntura española le ha cerrado.

     Son los jóvenes de hoy chavales altamente cualificados. No solo andan sobradamente preparados sino que disponen de un bagaje formativo que, muchas anteriores generaciones intentamos conseguir sin lograrlo.

     Estos días, Luis vuelve a casa. Desde una lejanía de más de 2000 quilómetros escuchó las palabras del presidente Rajoy sobre el fin de la crisis y la celebración de las navidades de la recuperación. No lo siente así Luis.

domingo, 20 de octubre de 2013

EL QUERER O EL PODER....

   
     A veces la vida te ofrece algo. Puede que sea algo que no quieres, o algo que deseas, algo que no te conviene o que no te mereces, pero te lo ofrece. Y muchas veces te lo envuelve como un gran regalo. Pero entonces, ante tal privilegiado obsequio, tienes que decidir desde esa soledad inefable al ser humano, innata tanto en el que vive en sociedad como el que observa el mundo desde una cómoda atalaya protectora, tanto del que actúa movido por sus propios principios, como el que se mueve por esa amalgama de valores sociales, ideológicos o religiosos que incluso en mentes agnósticas parecen marcar muchos comportamientos.
 
    Sin embargo, al final unos y otros acaban inmiscuidos en la más desgarradora de las luchas, la que pone en balanza conciencia y sentimientos, es decir, el querer y el poder.
     Incluso cuando las cosas parecen ser sencillas o las decisiones fácilmente aceptables, surge la dicotomía. Pero a veces, no eres tú quien decide, no dispones de la capacidad para elegir y son otros los que te ubican en lugares, son terceros los que elogian o desprecian lo que son tus virtudes o méritos, lo que tú eres, lo que sientes o lo que  representas.

     Y entonces o bien, pasas a ser sujeto pasivo a la espera de un “laissez faire, laissez passé” o bien, sin apenas parar en relamerte las heridas de la lucha en la que te has visto inmerso,  te arremangas y tomas las riendas de tu propio ser.
      En ese momento, tras tu personal lucha te topetarás con algunos que valorarán tu valentía, mientras otros te considerarán ingrato o desagradecido. 

     Será la subjetividad la que juzgue no solo tus decisiones sino tu propio ser.  Pero en aquella, tu decisión, quedará marcada tu libertad, porque el hombre es un animal social e incluso aquellas acorazados personalidades respecto a opiniones de terceros, quedan heridas emocionalmente muchas veces al ser despreciadas sus decisiones o desdeñados sus sentimientos.
      De ahí el peligro de la generalización en la descalificación entre buenos y malos en multitud de duros procesos sociales, personales y laborales que la injusticia de la socorrida crisis económica ha puesto en primer plano.
 
     Nadie dispone de la perfección y de la total razón, por eso cada vez es más urgente la libertad de conciencia, la propia, la exclusiva, la que te permite enfrentarte cada amanecer al mundo con orgullo y desde tu propia dignidad, aunque a veces en esa libertad tengas que descubrir personas, actitudes  y sentimientos que hieren...

     Sin embargo, incluso ante el abismo y como canta Serrat, siempre quedará algo o alguien que nos abocará a senderos de esperanza porque...
”Bienaventurados los que catan el fracaso porque reconocerán a sus amigos…
 
Bienaventurados los que contrajeron deudas porque alguna vez alguien hizo algo por ellos.

Bienaventurados los que lo tienen claro porque de ellos es el reino de los ciegos....

 
 

domingo, 30 de diciembre de 2012

ADIÓS 2012


Qué quieren que les diga, no está nada mal que de una p….. vez acabe este 2012.

            Hay épocas difíciles, hay momentos complicados, pero hay rachas que necesitan superarse aunque sólo sea desde la regeneración que supone únicamente un cambio de número en el calendario.

               No seré yo quien considere que el destino es irremediable o que el futuro nos viene dictado sin resquicios para su redirección; sin embargo, sí puedo aceptar después de constatar con hechos lo acaecido los últimos meses que mucha de nuestra felicidad nos viene dada (o nos viene robada) por elementos de lo que magistralmente Cruyff definió como “el entorno”.  Oso incluir aquí aspectos intrínsecos de la vida como la enfermedad, aunque muchas personas que tienen mermada su salud sonríen y transmiten una paz y fuerza que muchos quisiéramos disponer 365 días al año.  

         Pero sí, parece que este 2012 se aleja. Parece que, por una vez, el inexorable paso del tiempo va a ser un anhelo de esperanza, una ilusión turbia, aunque no soy yo quien pueda ofrecer dosis de optimismo cuando estos últimos doce meses se cierran con más indecentes decisiones políticas que vulneran los derechos constitucionales de humanidad en sanidad, educación, derecho al trabajo o a un hogar digno.

            Dignidad. Eso que tanto hemos llegado a echar en falta en este 2012. Dignidad para respetar y no atacar; dignidad para crear y no destruir; dignidad para educar y no censurar; dignidad para retratar  y no engañar;  dignidad para asumir responsabilidad  y no para trivializar; dignidad para condenar y no para condonar deudas y pendientes; dignidad para vivir y dejar vivir y no para enturbiar y castigar en grisáceo el mañana.

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