Poco
más de veinte años, formación educativa en diferentes sectores, trabajos en
servicios distintos, lugares varios, pero la maldita crisis le indujo a
marchar. Dejó familia, ilusiones y ese sueño de jugar en categorías superiores
con su equipo de fútbol más reciente, años en pro de un ascenso que, tras
conseguirlo, no ha podido disfrutar. Decidió partir para buscar alternativas
donde diseñar un futuro profesional y dibujar una perspectiva personal de una
vida por construir.
Marchó
de las islas pitiusas para formarse (sí, otra vez estudiar, trabajar, aprender,
crecer…) en las islas británicas. El periodo era corto pero largo, lejos del
entorno, el hogar, la familia, los amigos, cada día se hace eterno y, sin
embargo, la distancia hace imposible el olvido.
Luis
ha encontrado nuevos amigos, entrena con un equipo de la localidad para
mantener la forma y dedica largos ratos al estudio del inglés, hacer turismo y
formarse con la esperanza de encontrar el camino que la coyuntura española le
ha cerrado.
Son
los jóvenes de hoy chavales altamente cualificados. No solo andan sobradamente
preparados sino que disponen de un bagaje formativo que, muchas anteriores
generaciones intentamos conseguir sin lograrlo.
Estos
días, Luis vuelve a casa. Desde una lejanía de más de 2000 quilómetros escuchó
las palabras del presidente Rajoy sobre el fin de la crisis y la celebración de
las navidades de la recuperación. No lo siente así Luis.

